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domingo, 10 de junio de 2012

El Café - Luis Sevilla


Lo cierto es que cuando entré el humo me golpeó. Afuera hacía frío y el café era demasiado cálido. Empecé a sudar, de manera que me quité la gorra y el abrigo que apoyé en un taburete junto a la barra. Una hora después estaba bien sentado, con las mangas de la camisa subidas y tres cervezas en el cuerpo. Aún no había hablado con nadie. Sólo estábamos el camarero y esa pareja que se besaba como si el mes de abril no fuera a terminarse nunca. En la mesa de atrás aquel viejo que miraba la televisión como si pudiera leer los labios de los actores en la serie norteamericana, bebiendo a sorbos su vaso de vino, sabiendo que el día que le llegue la muerte al menos le pillaría bien bebido.

Entonces un aire seco y frío me golpeó cuando se abrió la puerta y un hombre que empezó a sudar se quitó la gorra y el abrigo que dejó apoyado en un taburete junto al mío. Al verle supe que podía haber sido yo: los mismos rasgos, la misma curva en la forma de las cejas. Puede incluso que tuviera la misma voz. El camarero no me reconoció a pesar de llevar una hora ahí sentado y tras tres cervezas. Le puso una sobre la barra, se sentó, sacó un cuaderno y empezó a escribir. Exactamente como cuando yo empezaba a escribir en los cafés y la música me envolvía del mismo modo que ella antes de irse dando un portazo seco. Afuera llovía y un frío de mil demonios me hizo correr en busca de un lugar cálido. Y la verdad es que no sé cuánto tardé en encontrar este sitio. Así que aquí fue donde empezaste a marcharte, el lugar donde encontraste otro trabajo y una nueva ocupación, mientras le veías ahí sentado frente a la barra, bebiendo una cerveza tras otra, escribiendo en ese cuaderno algo que cuando se pierde lo llaman poesía.

Fuimos plantas - Esther Aguirreche Domínguez



Esther Aguirreche Domínguez (1990, Zamora), está terminando la carrera de Psicología en la Universidad de Salamanca. Intenta poner en su vida más noches que días y son las palabras quienes la mantienen despierta. En su blog describe las incoherencias del mundo en forma de delirios de libre interpretación



No sé si nos estamos moviendo
o simplemente es la desnudez
la que nos hace crecer
e inusitar el camino siendo plantas,
flores por polinizar
vibrantes de sexo.

No sé si estamos dentro de un sueño
o las pastillas ya hicieron efecto
justo en el reverso de la noche.
Quizás eran hormonas
o un extracto de polen con el que creímos florecer,
con el que creímos medir cuatro metros,
y vislumbrar nuestra huella
rozando la memoria de alguien,
influenciando con su perenne legado
a una familia de hormigas,
a un ratón tuerto
o a un colibrí huérfano de padre.

No sé si eso es sangre,
pero tus párpados están planos,
vacíos,
estáticos,
y yo sigo siendo planta,
mientras que tú mutaste
en el pestañeo del amanecer,
justo cuando algún lugareño
violaba tu esencia
y te asfixiaba las hojas
en la profunda hipnosis que me produce
el traqueteo del despertar de las aves.

Dime algo,
tengo más pastillas,
más polen,
más vida.
Tengo todo excepto un acompañante,
y sola no puedo,
sola dejo de creer
que no nos rodean
sólo imposibles irresolubles.
Dejo de creer
en la fecundación de las almas.

Ellos tienen blog: Entrevista a Enzo Maqueira


Enzo Maqueira (Buenos Aires, 1977), escritor, editor, músico y profesor universitario y conductor del programa de radio Guardia con la joven. Autor de Historias de putas, Ruda macho y El impostor, el ensayo Julio Cortázar, El perseguidor de la libertad; y la biografía Cortázar, de cronopios y compromisos.


 1. ¿Qué vamos a encontrar en El impostor? 
El impostor es un relato existencialista en una Buenos Aires sembrada de vicios, donde el protagonista escapa del asesinato involuntario de una mujer y, a medida que huye, repasa su experiencia con el sexo opuesto e intenta encontrar explicación a lo dificultosa que se le hace la tarea de vincularse con las mujeres y con él mismo. Tiene bastante de policial de la nouvelle vague, de Sartre y de road movie. Como buen relato postmoderno, hay mucho de cultura popular y una presencia tácita de la violencia.
2. ¿Qué significa Cortázar para ti?
Es un amigo y un maestro. Si bien no busco copiarlo ni escribo concientemente como él, estoy seguro de que haberlo leído tanto y tenerle tanta admiración debe influir en mi escritura. Y no sólo me dio enseñanzas literarias. Tengo un dibujo con su cara en una pared de mi habitación; muchas veces, ante momentos de duda, miro el dibujo y trato de buscar alguna respuesta en el modo en que me mira. Juro que a veces sonríe. Otras veces —la mayoría— hace una mueca de disgusto que me obliga a enderezar el camino. Cortázar también significa reivindicar la literatura latinoamericana de los sesenta y setenta, —tanto estéticamente como en relación a un compromiso político con su tiempo—, un corpus que leí muchísimo y que muchos quisieron desdeñar, sin éxito. 
3. ¿Escribes por necesidad o por vicio?
Supongo que es lo mismo. Los vicios son una necesidad y las necesidades, en algún punto, son un vicio. Escribo porque es una de las actividades que me hacen sentir más feliz. Disfruto muchísimo al escribir, al corregir, al hablar de literatura, al emborracharme con otro escritor y, por supuesto, al leer. No disfruto tanto leyendo lo que ya publiqué. Eso ya es masoquismo.
4. ¿Eres un escritor que crea de fuera hacia dentro, un Hemingway, un Fitzgerald? ¿O por el contrario escribes de dentro hacia fuera, y estás más cerca de un Borges o un Kafka?
Creo que tengo un poco de los dos, aunque no estoy muy seguro de que se pueda hacer una división tal. Estoy convencidísimo de que las experiencias de vida sirven para escribir, pero también que la escritura es un modo de liberar pensamientos, ideas, emociones, demonios, perversiones y demás porquerías que uno tiene en la cabeza. Creo que todos los escritores trabajan  desde ambos lugares, aunque a veces el artificio es tal que perdemos de vista el origen de sus historias.
5. ¿Cómo surge la editorial Outsider?
Yo trabajaba en una editorial. Mi ahora socia, Valeria Iglesias, organizaba un ciclo de lecturas que se llamaba Outsider, donde integraba a un escritor con alguien que escribiera pero que no perteneciera al mundillo de la literatura. Un día me invitó a leer. En la reunión previa me preguntó si la editorial donde yo trabajaba podía publicar un libro con los textos que se habían leído en su ciclo. Le dijo que a ellos no les iba a interesar, porque era una editorial con otro perfil, pero que podíamos tener nuestra propia editorial. Después conseguimos un subsidio para empezar, le dimos forma a la idea de llevar el espíritu del ciclo al papel y en poco más de un año teníamos nuestros primeros libros en la calle.
6. ¿En qué andas metido actualmente?
Tengo una novela esperando por su tercera corrección. Mientras tanto, me estoy dedicando a escribir cuentos. En el último tiempo estaba muy metido en la novela y sentía que tenía una deuda de calidad con el cuento. Estoy intentando saldar esa deuda.
7. ¿Enzo Maqueira que tanto ha escrito sobre Cortázar, qué opina acerca de Borges?
Me encanta Borges como escritor, pero —a diferencia de Cortázar— no lo siento cercano. A Cortázar le podés decir "Julio"; con Borges siempre hay mayor distancia. Como soy bastante sentimental, si tuviera que elegir a alguno de los dos elegiría a Julio. Pero me dolería tanto no leer Ficciones, El Aleph, Otras inquisiciones o escucharlo decir "Caramba" y hacerse el boludo cuando le preguntan por el proceso militar...
8. ¿Alguna liturgia concreta a la hora de crear? ¿Cómo? ¿Cuándo? ¿Dónde?
Nada fijo. Cada nuevo proyecto se va construyendo su tiempos, sus ritos y demás de acuerdo a algo que no manejo yo, sino que deciden entre el texto y mi inconsciente. Escribí Ruda macho de noche, durante un año y medio, con muchas interrupciones; la novela que tengo que corregir encontró su momento a la mañana, durante dos años, con té verde y muy obsesionado con hacerlo todos los días. El impostor también fue de noche, pero en seis meses y siguiendo aquel consejo de Hemingway sobre escribir borracho y corregir sobrio. Aunque no estaba borracho exactamente. Historias de putas fue de tarde, mientras escribía otras cosas. Los cuentos salen cuando ya no los puedo contener. No puedo ajustarme a una rutina durante demasiado tiempo, ni crear un texto luminoso en medio de la oscuridad. Cada libro tiene sus propias necesidades y yo tengo que crear la atmósfera necesaria para que se desarrolle.
9. ¿Qué libro te habría gustado escribir? Y por qué?
Supongo que Eisejuaz, de Sara Gallardo. Aunque me aleje o me acerque a la estética de esa novela, siempre estoy tratando de escribir algo que ejerza en el lector la misma fascinación que Sara Gallardo ejerció en mí.
10. ¿Qué te inspira?
Escucho algo, veo algo, siento algo y no soy capaz de reaccionar... Me inspira la vida cotidiana, la gente que anda por ahì y te cuenta alguna historia. Me inspira saber que en la literatura puedo cambiar la realidad a mi antojo.
11. ¿Nos recomiendas un blog?
Me gusta mucho el blog cronicasperiodisticas.wordpress.com Tiene crónicas literarias de América latina, un género que está muy de moda y que está más cerca de la literatura de lo que muchos creen. Es un trabajo muy bien hecho, con notas de los mejores escritores y periodistas del continente. Estudié Comunicación Social, así que el periodismo es un oficio que siempre me llama la atención, pero que sólo me vuelve loco cuando va de la mano con la literatura. Si el periodismo construye una verdad y la literatura busca la verdad, la crónica literaria debe ser lo más confiable que puede decir un papel.

Poema inempezado - Francisco de Paula Pestaña Parras


Francisco de Paula Pestaña Parras (Jaén, 1979). Licenciado en Historia del Arte por la Universidad de Granada, ha impartido clases en diversos centros privados de Granada, Sevilla y Barcelona. Actualmente colabora en el Departamento de Coordinación y Mediación, en el Centro de Creación Contemporánea de Matadero, Madrid.
A la espera de la publicación en papel, bajo el alias de De Paula (más ajuste de cuentas que pseudónimo) se puede encontrar su obra en páginas como Sala de Escritores.com, Escribeya.com, en la Revista Literaria Remolinos 42, así como en la revista de literatura de la facultad de Filosofía y Letras de Granada, Letra Clara.


Poema inempezado

 
No lo entiendo. Si sé que nos hicimos monstruos el uno al otro, terribles bestias de calor empeñadas en empañar cualquier cristal que se nos acercara a menos de un gemido de distancia. No lo entiendo. Si una noche, borrachos como reyes, me cogiste de la mano para meterme en no sé qué edificio oficial y follar en el ángulo muerto de las cámaras de vigilancia. Y girabas la cabeza para mirarme. Y me llamabas hijo de puta. No lo entiendo. Si en cada caricia nos cavábamos con la misma rabia con la que cavan los vencidos delante de las escopetas, si nos mordíamos en un idioma diferente cada vez, si les sacamos los ojos a todos los huracanes que quisieron derribarnos... No lo entiendo. No entiendo que permitamos que lo poco que queda de aquello continúe arrastrándose y pidiéndonos carne. Perro enfermo, exhausto y ciego, que no tenemos el coraje de sacrificar.

Intentos, del poemario 'Anatomía del intento: hora, habitación y cartílago' - Beatriz Rojo


Su blog: Los inquilinos http://vozsobrevoz.blogspot.com.es/

Intento nº7
Espérate en el téxtil de mis bragas,
en el quicio de mi soledad;
rebordes de puntilla y otros motivos infantiles,
denostados por un mercado enfermizo.

Crécete en mi llaga y llama a mi llanto;
quiero ser dolor de sábanas, de músculos,
de tenazas que liberan en contra de su naturaleza.

Quiero ser tiento de tu boca, cobertizo de tu aliento.
Quiero ser la mentira que cayó una vez del árbol.
La primera vez entre todas tus miles.
La mano que abarca, pequeña, toda tu existencia
conteniéndola

en esta maldita noche de verano.

Intento nº8
Me enseñaste a escribir en tinta invisible,
a querer en polinesio,
a dormir de día y a velar la luna
mientras los demás dormían.

Cómo montar una cámara estenopeica,
revelar carretes Afga caducados
y no te importa, dices,
que sólo sepa querer en negativo.

Y no te importa, dices.
Somos monos tontos tecleando sin parar
una fila de jotas y cas.

Pero los versos de Shakespeare
no se hicieron en un despertar,
y tú sigues empeñado
en que el viento es un truco de Dios
para despistar.


Intento nº9
De un ojal sale un ojalá.

De mis dedos
la ternura de la piel en tu cuello
estremeciéndose bajo su peso.

De una mentira
siempre surgen

los te quiero más inmensos.